Tema 2. Sistema Sexo Género

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Sistema Sexo Género

Desarrollo del tema

Hasta el momento, hemos dicho que la perspectiva de género es una forma de ver la realidad a través de unos lentes que identifican y reconocen aquellas jerarquías y desigualdades que se derivan a partir del género. Así, la perspectiva de género también es una propuesta de intervenir o actuar frente a esa realidad con el propósito de equilibrar las oportunidades de los hombres y las mujeres para el ejercicio de derechos.

Por lo anterior, es indispensable que conozcas las diferencias conceptuales entre sexo y género; las formas en que repercute la ingeniería de los roles y estereotipos de género; y a qué nos referimos con identidad y expresión de género.

2.1 Sistema sexo-género

El sexo y el género son categorías empleadas en la sociedad de manera que no solo sirven para categorizar a las personas sino que impactan en la forma en cómo se conciben a sí mismas, las expectativas que se tienen sobre sus proyectos de vida, las oportunidades a las que tienen acceso, las maneras de interacción social e institucional, el grado de participación en la toma de decisiones, entre otras (SCJN, 2020).

Por ello, antes de adentrarnos a analizar la capacidad que el sistema sexo-género tiene para inpactar en múltiples aspectos de la vida de las personas, es importante que identifiques qué son y qué implican el sexo y el género.

Comúnmente se ha entendido por sexo como el elemento que distingue a las personas como mujeres y hombres con base en criterios biológicos, de manera que, por lo general, es asignado al momento de nacer a partir de los genitales externos. Sin embargo, y aunque generalmente se ha simplificado que la apariencia genital es suficiente para clasificar los cuerpos de las personas entre hombres y mujeres, el sexo depende de distintas áreas fisiológicas (Alcott y Ruiz, 2015; y De la Fuente, 2016):

Diagrama 1. Áreas fisiológicas. (Alcott y Ruiz, 2015; y De la Fuente, 2016)

Si bien los estudios regularmente mencionan que existen dos sexos: mujeres y hombres, es necesario que identifiques y conozcas que estas cuatro áreas fisiológicas pueden generar múltiples combinaciones que no necesariamente dan como resultado hombre y mujer. Los cuerpos suelen ser diversos y las vivencias e interacciones con relación a la sexualidad pueden presentar una variedad de puntos intermedios (Fausto-Sterling, 2018).

En relación con lo que solemos entender por sexo, las personas interpretamos y asumimos los cuerpos de quienes nos rodean, y eso va generando un disciplinamiento y una clasificación. Desde la infancia, se nos enseña a entender la noción de cómo se ve un cuerpo femenino y cómo se ve un cuerpo masculino, por ejemplo, pensamos que el cuerpo de las mujeres debe tener poco o nulo vello corporal, caderas pronunciadas, busto prominente, mientras que el cuerpo de los hombres debe tener vello corporal, no tener caderas marcadas ni senos. Estas características las asumimos como lo “natural” porque creemos que es dado por la naturaleza, sin embargo, como lo hemos dicho, los cuerpos no están definidos de forma estricta. De manera que la naturalización a partir de estas preconcepciones de los cuerpos se pueden generar disciplinamientos para que se acoplen a esas reglas.

Otra categoría que también suele tener una función de diferenciar a hombres de mujeres es el género. El género es un conjunto de atributos asignados socialmente a las personas a partir de su sexo (Lagarde, 1997), e impacta en todos los ámbitos de su vida, tanto a nivel individual como a nivel social. “Es una categoría relacional que busca explicar una construcción de un tipo de diferencia entre los seres humanos” (Benhabib, 1995, p. 52).

La creación de la categoría género ha sido parte de un proceso histórico, social y académico que emana, se desarrolla, analiza y repiensa desde los estudios de género. Las funciones y la conducta que se consideraban apropiadas a cada sexo venían expresadas en los valores, las costumbres, las leyes y los papeles sociales; también, representadas en las principales metáforas que entraron a formar parte de la construcción cultural y del sistema explicativo: discursos de legitimación, identidad sexuada, roles, estatus, premios y sanciones.

Imagen 1. Modificación. Ilustración de Rocío Salazar

Marcela Lagarde (1997) define cinco aspectos en los que influye el género en la experiencia de las personas:

  • La identidad o autoidentidad en cuanto ser de un género (la percepción que se tiene de sí, del propio cuerpo, de las acciones personales, de las semejanzas y diferencias, del sentido de pertenencia).
  • La subjetividad (lenguajes, concepciones, valores, imaginario y fantasías, deseos, la intelectualidad y afectividad).
  • Los bienes a los que tiene acceso (materiales y simbólicos, recursos vitales, espacio y lugar en el mundo).
  • El poder que detenta (posición jerárquica, vínculos, relaciones, condición política, tipo de oportunidades).
  • El sentido de vida y los límites que establece para con las demás personas.

La asignación del género, al igual que con el sexo, sucede al momento del nacimiento. De manera que cuando se hace referencia al sexo (niña o niño), también se hace referencia al género a partir de los parámetros de la feminidad o masculinidad, que conllevan una serie de parámetros que se espera que sean cumplidos. Desde ese momento, las personas vamos adquiriendo (o resistiendo) las características que son consideradas como femeninas o masculinas a partir de la forma en que somos criados y aprendemos a socializar en la familia, la escuela, la calle, el trabajo, entre otros.

Al igual que con el sexo, el género que nos es asignado se entiende como lo “natural”, por ello es necesario desmitificar que lo considerado como femenino y masculino es universal y estático, y que eso se determina en función del sexo. La generalización en fórmula binaria (mujer-hombre) deja fuera a un sinfín de personas para las que estas categorías no son suficientes, pero además la clasificación de cualidades y habilidades es desigual, ya que coloca a uno de los géneros (el masculino) en una posición de poder y dominación sobre el otro (el femenino).

Para Gayle Rubin (1996), el sistema sexo-género es un sistema institucionalizado que asigna recursos, propiedades y privilegios a las personas de acuerdo con el papel de género que culturalmente se define. Esta división y competición se refleja en aspectos concretos de la vida que rigen nuestras interacciones, como lo es la división sexual del trabajo y la heterosexualidad obligatoria. De esta manera, por ejemplo, el sexo es lo que determina que las mujeres tengan hijas e hijos, pero es el sistema sexo-género lo que asegura que ellas serán las que los cuiden.

3 Es un proceso intersubjetivo, desarrollado desde el autocontrol, dando protagonismo al cuerpo, que es moldeado según el ideal de cuerpo existente acorde a los estereotipos de género. (Sojo Mora, 2019)